CÓRDOBA.- Nace Antonio Gala en Brazatortas, Ciudad Real, en 1930, donde su padre médico ejerce en aquellos momentos su profesión, pero siendo aún un bebé se traslada a Córdoba, siguiendo los avatares de la profesión paterna.

Él se proclama andaluz de Córdoba. Realiza sus estudios secundarios en esta capital andaluza y los de Derecho y Filosofía y Letras en Sevilla. Allí comienza su andadura por la poesía para invadir pronto con maestría los demás géneros.

Su infancia está marcada por la Guerra Civil, que solo el ambiente alegre y lleno de flores del patio de su casa cordobesa hace más llevadera.

En su adolescencia sufre la prematura muerte de uno de sus hermanos, Luis, que deja una huella tremenda de tristeza y silencio en toda la familia, especialmente en su madre.

Esto se convierte con los años en un problema de incomunicación entre madre e hijo, que está siempre presente en sus relaciones hasta la muerte de doña Adoración Velasco en 1978, tras una larga y dolorosa agonía.

Transita por la poesía y el teatro con gran éxito durante la mayor parte de su carrera.

De sus ‘Poemas de amor’ se llegan a vender 500.000 ejemplares, lo que le convierte en el poeta vivo más vendido.

Desde 1987 el autor pasa largas temporadas fuera de Madrid, ya que se aleja nuevamente de su actividad teatral y se instala durante meses en su finca La Baltasara, en Alhaurín el Grande, a pocos kilómetros de Málaga.  Ese mismo año es nombrado Hijo Predilecto de Andalucía.

El año 1990 significa su aparición en el mundo de la novela. ‘El manuscrito carmesí’ es galardonado con el Premio Planeta. La obra se convierte en uno de los primeros best-sellers que acompañan su carrera como novelista durante los últimos quince años, con obras como ‘La pasión turca’, ‘Más allá del jardín’, ambas llevadas al cine, o ‘El imposible olvido’.

Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores
“En el Convento del Corpus Christi, construido y crecido biológicamente en Córdoba, en el siglo XVII, donde durante siglos se levantó la reflexión y el amor más espiritual, se instalarán las ansias, los deseos, los proyectos, el temblor y la luz de jóvenes creadores que llevarán después, vayan adonde vayan, el fértil recuerdo de su estancia. De ahí que el lema de la casa sea un versículo del ‘Cantar de los Cantares’: Pone me ut signaculum super cor tuum” (*), explica Antonio Gala sobre su fundación.

La primera promoción comenzó en el curso 2002-2003. Son convocadas anualmente unas veinte plazas para jóvenes creadores de entre 18 y 25 años en lengua castellana.

Los artistas residen durante un año en la sede de la fundación, donde los seleccionados son becados durante ese año para dedicarse en libertad y convivencia a sus proyectos literarios, musicales o plásticos. La fundación no tiene profesores sino que los artistas reciben clases magistrales y la visita de creadores ya consagrados que les orientan y aconsejan.

Cuando yo muera, mis cenizas, junto con las de la dama de otoño, servirán para fertilizar los jardines de mi fundación. Yo me quedaré en Córdoba”, afirma Gala.

Iconos de Córdoba
Córdoba es una ciudad maravillosa que ha sido lo que no ha sido ninguna”, suele afirmar taxativo Gala cuando habla de su ciudad.

Una ciudad plagada de iconos como la Mezquita-Catedral o Medina Azahara que Gala conoce en profundidad y en los que ha actuado de cicerón ante personalidades de visita en la capital andaluza como la reina Sofía. Una Córdoba amada en la distancia, que todo lo idealiza, desde Madrid o desde Alhaurín el Grande, donde pasa largas temporadas en su finca La Baltasara.

“De niño viví en la Calle Nueva. Toda Córdoba pasaba por aquella Calle Nueva. Las procesiones… Venían los amigos a ver desde mis balcones la cabalgata de Reyes. Papá tenía la consulta en la planta baja, los mayores vivían en la segunda y los niños vivíamos en la tercera”, recuerda el escritor de su infancia cordobesa.

En aquella casa señorial de estilo modernista, como tantas otras de la Calle Nueva, el padre de aquel niño retraído ante cuya mirada nada escapaba se reunía en tertulias con la flor y nata de la época, que entonces eran sobre todo flamencos y toreros.

“Almorzábamos los jueves con algún personaje interesante. Mi madre no asistía -era de Segovia y sus costumbres eran castellanas-. Invitaba a cantaores, yo conocí a Mairena con siete años. Recuerdo que un día fue Manolete, que no iba a ningún sitio”, rememora Gala sobre su niñez, en la que “el ama me llevaba a los oficios de la Mezquita para que yo la viera”.

Pasión por la Mezquita
“Ustedes conocen la Mezquita de Córdoba; para transformarla en Catedral, con la autorización del emperador Carlos V, se quebrantó su cuerpo islámico con un crucero católico. Desde entonces fue una sultana con muslos de emperador. Por eso yo la he elegido como símbolo para hablaros hoy del sincretismo andaluz, del idioma y de mí. Porque si tuviera que señalar el monumento, contados los humildes y los maravillosos, que más ha influido en mí elegiría sin dudarlo la Mezquita de Córdoba. Mi vida habría sido muy distinta si no se hubiese abierto y florecido en Córdoba, o si Córdoba no conservara, como un estuche, su Mezquita”.

Así habla Gala de su pasión por la Mezquita-Catedral de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, uno de los monumentos más importantes de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. En su historia se resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana.

El lugar que hoy ocupa nuestra Mezquita-Catedral parece haber estado, desde antiguo, dedicado al culto de diferentes divinidades. Bajo dominación visigoda se construyó en este mismo solar la basílica de San Vicente, sobre la que se edificó, tras el pago de parte del solar, la primitiva mezquita. Esta basílica, de planta rectangular, fue compartida por los cristianos y musulmanes durante un tiempo.

Cuando la población musulmana fue creciendo, la basílica fue adquirida totalmente por Abderramán I y destruida para la definitiva construcción de la primera Mezquita Alhama o principal de la ciudad.

En la actualidad algunos elementos constructivos del edificio visigodo se encuentran integrados en el primer tramo de Abderramán I.

La gran Mezquita consta de dos zonas diferenciadas, el patio o sahn porticado, donde se levanta el alminar (bajo la torre renacentista), única intervención de Abd al- Rahman III, y la sala de oración o haram. El espacio interior se dispone sobre un concierto de columnas y arcadas bicolores de gran efecto cromático. Cinco son las zonas en las que se divide el recinto, correspondiendo cada una de ellas a las distintas ampliaciones llevadas a cabo.

“Soy partidario de que la Mezquita-Catedral se dedique a lugar de oración de las tres grandes religiones que fueron prueba viva de los caudales de convivencia y tolerancia que Córdoba marcó. Hoy la sola palabra que expresa para mí el sentido de la Mezquita es la palabra concordia”, reflexiona Gala sobre la Mezquita.

Ruta monumental
Saliendo de la ciudad vieja por la puerta sur se puede visitar el Puente Romano que, levantado en el siglo I a.C., ha sufrido varias remodelaciones.

La estructura principal data del medievo, siendo la intervención más reciente de 1876. Vale la pena detenerse a mitad del puente y mirar río abajo.

La Torre de Calahorra en el extremo sur del puente es una construcción árabe de la época almohade que actualmente alberga un museo islámico.

El siguiente lugar importante para el visitante es el Alcázar de los Reyes Cristianos, construido por Alfonso XI en 1327. Esta fortaleza que se alza sobre un castillo musulmán fue residencia de los Reyes Católicos Isabel y Fernando.

La vista de la fortaleza es impresionante y puede ser un lugar memorable si lo observa durante la noche. Encierra en su interior gran parte de la evolución arquitectónica de Córdoba. Restos romanos y visigodos conviven con los de origen árabe en este majestuoso solar, ya que fue lugar predilecto de los distintos gobernantes de la ciudad.

Para aquellos que prefieren pasear deberían hacerlo por el barrio medieval de La Judería, todo un laberinto de callejuelas, pequeñas plazas y patios repleto de bares, restaurantes, cafeterías y tiendas innumerables.

Durante cientos de años La Judería ha alojado a los comerciantes y artesanos de la plata que producían las joyas por la que Córdoba es famosa.

La Sinagoga de Córdoba se remonta al año 1315 y es una representación magnífica de la herencia mudéjar. Observará grandes motivos florales y otros colocados en el interior del edificio y es todo un tesoro para cualquier persona que ame el arte.

La Casa Andalusí es un museo muy especial en muchos aspectos. Es un escaparate que muestra el estilo de vida de Al-Ándalus. Aquí puedes ver muchos objetos de arte y artefactos completamente dedicados a la cultura árabe como monedas, ropas y obras de arte de la época árabe. Alberga el Museo del Papel con un recorrido que muestra el proceso de fabricación de este material en la Córdoba califal. También puede ver la imprenta utilizada por árabes para imprimir el Corán durante ese tiempo.

Córdoba tiene importantes museos como el de Bellas Artes, el famoso Museo Regina, que muestra obras de famosos joyeros de la ciudad, o el Arqueológico y Etnológico, representando la gloriosa historia de esta antigua ciudad. Muy recomendable también ver el de Julio Romero de Torres, famoso pintor local al que le gustaba resaltar la belleza de la mujer cordobesa en sus lienzos.

(Texto y fotos: andalucía.org)

(*) Trad.: Ponme como un sello sobre tu corazón.

 

* Andalucía es un destino turístico todo el año

* Córdoba no olvida su historia junto al Guadalquivir